Santiago de Cuba: Espacio entre lo colonial y lo moderno

MIGUEL ANGEL GAINZA CHACON

santiagoAquí la corneta china es más aguda y sonora; la “campana” repiquetea con más frenesí; las guitarras y las voces de los cantores parecen salidas de un cuerno mágico; en cualquier esquina arman su escenario los teatristas de relaciones, y proliferan las pinacotecas, los talleres, o simplemente los muros en las calles, donde pinturas y esculturas embellecen el entorno.También, Ud. deambula y va encontrando tarjas que eternizan nombres de mártires, de patriotas todos, que ofrendaron hasta el último aliento por hacer de Cuba una Patria libre y floreciente.
Santiago de Cuba, donde aman y construyen hombres y mujeres alegres, lleva “sobre sus hombros” la responsabilidad de saberse puntual en la cultura cubana. Porque cultura es todo aquello donde queda la huella del hombre, y mi ciudad tiene la virtud de ser una amalgama de creaciones. ¿Una muestra?
El Septeto Santiaguero acaba de alzarse con el premio en música popular tradicional, en el prestigioso Festival Internacional CubaDisco’2013, e igualmente, por ahí estuvo nominado el guitarrista Alejandro Almenares, un “todoterreno” de la trova tradicional.
¿Más? La trova… En Cuba, quien desea apropiarse lo mejor de este género musical cubanísimo ni se le ocurriría no venir a la Casa Pepe Sánchez, en la calle Heredia.
Igual pasa con el Carnaval. A lo largo y ancho del país hay carnavales pero el santiaguero marca la diferencia. Así lo reconocen nacionales y extranjeros cuando se sumergen en el bullicio de Trocha o el Paseo Martí; de Sueño o la Avenida Garzón; de la Calle de los Recuerdos o el Tivolí, o de cualquier barrio donde late el Rumbón Mayor.
Santiago de Cuba parece un balcón policromado, asomado a la bahía más sinuosa de entre todas las radas cubanas, con sus ocho kilómetros de largo y un canal enrevesado para el atraque, prohibido totalmente para barcos y capitanes desconocedores.
Y desde que Ud. enfila por la “boca” de la bahía, tan estrecha que parece querer cerrarle el paso al mar, la vista del litoral y de la ciudad resbalando por las lomas hasta la orilla, descubre una arquitectura urbanística única, en la que se mezclan lo colonial con lo moderno. Y sí: las edificaciones, los techos rojos de tejas, las calles empinadas y estrechas, también muestran una cultura santiaguera que atesora casi cinco siglos de creaciones.
El Festival del Caribe, obra del entrañable Joel James Figarola y de un grupo de artistas, es desde hace más de 30 años, momento de confluencias de las culturas populares tradicionales de la región caribeña. Y a fuerza de tanto hacer y de mostrar, el encuentro se ha convertido en una jornada mundial, que hace tiempo cruzó las fronteras del Mar Caribe.
El Héroe Nacional José Martí se olvidó de que cayó en combate en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895 y está aquí en Santiago de Cuba, escoltado por más de 30 generales de las guerras de independencia del siglo XIX, listos todos cada jornada para nuevos empeños, sabedores de que son creadores de una cultura patriota imprescindible en Cuba.
Igual están ahí con sus ejemplos y ofreciendo cultura, el poeta Heredia en la casa del centro histórico de la ciudad; la familia Maceo, en Los Hoyos; el antiguo cuartel Moncada, escenario en julio de 1953, de uno de los hitos más trascendentales en la historia de Cuba…
Ahora mismo Frank País está tocando el piano en la casita de la Calle Bandera, con su revólver listo para salir al combate, mientras Mariana Grajales, la Madre de la Patria y de los Maceo, conversa con otra mujer excepcional, Doña Rosario, madre de los hermanos País, enseñándole el camino escabroso de guiar héroes.
El moreno Lescay levantó sobre el corcel de la Plaza de la Revolución, un Titán de Bronce que llama al combate, y a su lado otro moreno, Guarionex Ferrer, hizo 23 machetes para cercenar todo lo malo que se acerque a la ciudad.
Los franceses trajeron desde Haití el café y sus modales exquisitos; aquí ya estaban la música de Velásquez y de Esteban Salas, y el influjo por siglos, de españoles, africanos y criollos, con aderezo asiático. Matamoros puso el son; Portuondo y otros dignificaron las letras.
Aquí parece como que naciera la rebeldía eterna de los cubanos, y parte de lo más iluminado de la creación artística y literaria de Cuba. Aquí hubo un primero de enero de 1959 para que la Patria se renovara. Y desde entonces, Santiago de Cuba ha crecido más y más, y con esta una cultura potente y abarcadora, pilar indiscutible de la cultura cubana.

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Una respuesta a Santiago de Cuba: Espacio entre lo colonial y lo moderno

  1. Yordy dijo:

    Ojalá pase algo que te lleve do pronto una luz cegadora un disparo de nieve. No se por que se ma antoja esta canción cuando leo este trabajo, creo que se parece al concepto de cultura que el Gran Silvio siempre ha defendido

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