Vivir en el “Abel”

Olga Thaureaux Puertas

Centro Urbano Abel Santamaría

Centro Urbano Abel Santamaría

Vivir en el centro de la ciudad de Santiago de Cuba, tiene sus encantos, pero créanme que hacerlo a unos cinco kilómetros de ella, en el centro urbano Abel Santamaría, también los tiene.

Cuando por más de 20 años disfruté de las bondades del centro de la ciudad, me compadecía de quienes tenían que depender de un transporte para moverse. Al cabo del tiempo, la vida me deparó la otra realidad, pero como pienso que para ganar algunas cosas, hay que perder otras, aquí estoy, en el Salao, hace más de 15 años.

Pues miren, aquí  tengo  un apartamento en óptimas condiciones constructivas e higiénicas; unos vecinos formidables, que nos intercambiamos los platos de postres, nos tocamos a la puerta, no importa la hora, cuando nos necesitamos; las 12 de la noche del último día del año nos coge en cualquier casa…, en fin, no los quiero mejores.

El "Abel"

El “Abel”

Por supuesto que el aire puro, proveniente del mar, nos llega desde Siboney y Sardinero, teniendo muy cerca la opción de un chapuzón. Y qué decir del Parque Baconao, con sus variadas propuestas…

Les invito a probar la sazón de los cocineros del Ranchón 17 de Mayo, o de la 4 de Febrero, con buenos platos, acompañados de la buena cerveza y coctelería variada.

Los niños y adolescentes disponen aquí mismo de los círculos, escuelas primarias, seminternados, secundarias y pre, para formarse; así como áreas deportivas.

Mas aquí, por supuesto, no todo es color de rosa. En los horarios “pico” las guaguas se hacen insuficientes, aunque a decir de muchos somos privilegiados por la cantidad de ómnibus disponibles, pero nada, vivir para saber.

No se imaginan, las colas de la carnicería y el supermercado, pues casi todos trabajamos y hay un momento que se arma el cuello de botella. Juanita, mi bodeguera, hace magia con sus manos, pero el tiempo de espera se siente.

Llamativo, y a veces traumático, resulta cuando el vecino del edifico de al frente decide a X hora, celebrar cualquier cosa, con música no admitida para el oído humano, y el otro de más allá decide hacer la competencia como para ver, quién suena más fuerte.

Aquí, los niños pequeños no necesitan ir al zoológico, lo mismo ven desde su balcón un pollo, grande o pequeño, un macho (puerco), una o varias vacas, caballos, chivos y ovejos… todos confundidos en los jardines y áreas colectivas.

Aquí, en el “Abel”, hay originalidad en los pregones: está “Rico, RicoRico”, ya sabemos que es el pastelero, que en honor a la verdad, son muy buenos; o el que cerca de las 6 de la tarde solo suena un pitico, indicándonos que llegó el coquipiña; o el de las 6 de la mañana: “calentico”, para despertar con el pan especial recién sacado del horno…

Así y todo, les confieso que esto tiene sus encantos, porque siempre hay que buscarle el lado lindo y bueno a la vida. Aquí, los espero.

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8 respuestas a Vivir en el “Abel”

  1. Joel dijo:

    Amiga Olga: le deseo toda una eternidad en el Abel.

  2. Olguita, usted que vive en El Salao desde hace 15 años, segun testimonia, me podria explicar aunque sea brevemente cual es el origen del nombre? Es decir por que El Salao?? Gracias

    • scuexpress dijo:

      Amigo Bretón, muchas gracias por escribir. Pues nada, este centro urbano se conoce popularmente como El Salps, porque un barrio aledaño a él, que existe hace muchos años, se llama El Saladito. Supongo que este por ser más grande, se ha denominado El Salao, pero nada tiene que ver con la sal, todo lo contrario.

  3. Olguita, usted que vive en El Salao desde hace 15 años, segun dice en esta historia, podria explicarme aunque sea brevemente del origen del nombre???? Es decir por que El Salao?? Gracias!

  4. Me gusto la manera en que Olguita concluye esta historia. Es mejor, como lo dijo el apostol, ver el cuadro y no el cincel caido. La colega ve el lado positivo de vivir en El Salao, y tienes razon pues el hecho de estar ubicado en las periferias de Santiago, lo convierte en un barrio apacible, con cierta tranquilidad aunque, de vez en cuando, aparezca uno que otro vecino, como describe la autora, que se olvide que los demas necesitan descansar. Pero esas, diria, son pecatas minutas. Ah, lo que pienso es que deberian cambiarle el nombre a este lugar porque el que vive en El Salao no tiene que “estar salao”, de hecho hay muchas residentes que son “dulces” como la miel.

  5. Yamila Ruiz Miyares dijo:

    Cada pedacito de nuestro Santiago tiene su encanto y su desencanto pero lo importante que debemos sacr lo ositivo de donde vivimos.

  6. mini dijo:

    Así cada barrio tiene sus encantos y desencantos lo que hay es que disfrutar de las cosas lindas que tiene

  7. jose dijo:

    Yo también he estado por esa zona de hecho lo hago con frecuencia, la cerveza dispensada es de primera y nadie hace muchas preguntas y eso es vital para quien está así “de paso” , larga vida al abel

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