Otro primer día de clases

Orlando Guevara Núñez

circulo-abuelos-foto-abel-rojasEse emotivo, esperado y  hasta cierto punto impresionante primer día de clases, no es solo patrimonio de los pequeños escolares. Hace poco  experimenté otra vez esa sensación cuando me convertí en integrante de un nuevo colectivo que hace ya rato funciona en mi comunidad: el Círculo de Abuelos.

Hubo presentación, recibimiento y aplausos. Y, como siempre pasa, no faltaron los consejos de los “experimentados” a  los bisoños. Que  al inicio es difícil, pero pronto uno se adapta. Que no hay que apurarse, pues en la práctica se van asimilando los ejercicios. O que lo importante es ser sistemático, es decir, esa cualidad que muchos  no llegamos nunca a aprender antes de jubilarnos.

Y como persuasión para que uno no se “raje”  ni le deje una “raya” al Círculo de Abuelos, no se hicieron esperar los testimonios sobre los beneficios. El de Caridad, por ejemplo, quien afirma que antes no podía ni subir las escaleras de su casa y ahora las trepa sin ni siquiera apoyarse.

95186ef995733b85403bf13fa00e43c5_LO el de una mujer  con sus 94 años de edad y su agilidad para caminar y destreza para hacer los ejercicios. O el de Miriam, quien mueve con soltura las manos que dice antes estaban “engarrotadas”. O la presidenta del Círculo, Alma, con más de 80 años y una voluntad  indobleglable.

Alguien que lea esto podría preguntarse ¿y el autor, qué? Si, hay particularidades, pero esas… ¡que las cuenten los demás!.

Este nuevo primer día de clases, alguien se trazó la meta de que los novicios nos convenciéramos de que “lo importante no es la edad que uno tenga, sino la que uno se proponga tener”. Al escuchar a esa persona no pude evitar que viniera a mi memoria una crónica de uno de los más encumbrados escritores y humoristas cubanos, Enrique Núñez Rodríguez, publicada en el diario Juventud Rebelde.

Comenzó afirmando eso, lo importante no es la edad.  Y que los años no son lo decisivo, sino el espíritu que se tenga. Hasta que al final, cuando uno casi se lo estaba creyendo, un electrizante ¡No joda!  puso  fin a la crónica y nos devolvió a la realidad.

Circulo del Abuelo Villa JuanaDespués de todo, el primer día, además del beneficio de los ejercicios, fue algo divertido. Siempre, en un colectivo hay quienes se destacan por algo. El caso de Georgina, por ejemplo, que cuando se indica ¡Marcha! ella lo confunde con una conga y  cree estar siguiendo a Los Hoyos en la Trocha; el de una “alumna” que hace todos los ejercicios, solo que en sentido contrario a los demás.

Y para colmo, cuando se da cuenta, dice que todos “andan perdidos”. Otra se ha ganado el mote de “Llega tarde”… suponemos que no se necesita argumentar el por qué. Y el caso de Elia, quien gana felicitaciones por el esfuerzo que debe realizar para seguir a los demás con una carga especial en su región glútea.

Siempre, al final, la joven profesora – Graciela – a quien se ve que los ejercicios  le hacen muy bien para su físico- o el profesor,  nos preguntan cómo nos sentimos. Me recuerdan a Guardado en el programa Palmas y Cañas. Y todos decimos que bien. Ayer pasó así, solo que al salir una de las que dijo ¡Bien!, ya camino a la casa, fue mucho más expresiva: “Ahora llego a la casa, me tomo dos aspirinas, me baño y me acuesto”

abuelos1En pocos momentos, siempre antes de comenzar los ejercicios, es como si uno oyera los titulares de Radio Reloj. En este caso con noticias locales. Y sabe si el pan estuvo bueno o malo, si llegó el picadillo, si alguien murió o está enfermo. Y otras muchas “informaciones” que algunos malintencionados se empeñan en llamarles “chismes”.

Pero hay una cosa cierta, aparte de los ejercicios. Los integrantes del círculo somos vecinos hace muchos años. Y es ahora que nos estamos conociendo bien.  Y la compenetración y espíritu solidario se fortalece todos los días. Ya estamos  recogiendo dinero para un almuerzo que compartiremos en algún lugar de Santiago de Cuba.

En realidad ya muchos esperamos las tres sesiones semanales de clases. Y cada una de éstas la despedimos con un corito que también me hace recordar mucho a los educandos de primaria. Por lo menos yo me siento como uno de ellos.

Se repite el cómo nos sentimos y la respuesta de bien. ¿Por qué hacemos ejercicios?, nos pregunta la profesora. Y a coro respondemos: ¡Porque el ejercicio físico nos da salud, fortaleza y alegría!   Un aplauso deportivo. Y quedamos citados para el próximo encuentro. Confieso que al escribir esta crónica, necesité la ayuda de Juanita, mi esposa, pues aún no me he aprendido el lema.

 

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