Las gotas de valor que la tierra necesita

JOSE ANGEL ALVAREZ CRUZ

SONY DSCEra septiembre del año 2002 y yo, un recién graduado, salía en busca de esa historia dibujada por nuestros profesores de periodismo de la Universidad, que invitaba a contar el suceso más sencillo de manera atrayente, contagiosa, creativa e interesante, por solo citar algunos adjetivos.

Fue mi primer trabajo para la Agencia de Información Nacional. Entrevistar a un guajiro de Dos Caminos de San Luis famoso por su cría de búfalos y  los resultados de la cooperativa que presidía desde hacía muchos años.

Sabía que se llamaba Rogelio Batista y que encontrarse con él era cuestión de mucha suerte, aún cuando se pactara la cita con antelación, pues el hombre andaba de hectárea en hectárea tocando con las manos cada producción, contando el ganado, orientado, trabajando.

1Al llegar allá la idea de mi historia se transformó al borde de toneladas de fango, en el camino para acceder al él dejé la suela de mis zapatos y ni siquiera lo había visto todavía. Sin embargo, valió la pena.

Conocí al guajiro y lo entrevisté, entonces me dijo cosas que no quería escuchar porque no se adecuaban a mis planes para el tipo trabajo que buscaba, pero que me dejaron ver a priori el tipo de persona con la que estaba tratando.

Me conversó de la improductividad que propiciaban las estructuras agropecuarias de entonces, del poco valor que muchos percibían que se le otorgaba al trabajo del campesino y por supuesto de sus búfalos y la CPA Sabino Pupo, de la que era presidente.

2La publicación salió pero yo volví otra vez para repasar el tema pendiente de la improductividad, y aprendí más en un día con Rogelio, que en los meses que había dedicado a la lectura de revistas especializadas de agricultura y los materiales afines en Internet.

En lo adelante ya las visitas, recíprocas, no eran de trabajos, con el guajiro cultivé una amistad que hoy me honra hasta el orgullo, conmigo, como quien consulta, conversó la difícil decisión de dejar atrás la presidencia de casi 20 años de la cooperativa y dedicarse al usufructo, de la que hoy es su finca Hato Viejo.

Esta empresa la comparte hoy con su hijo Luis Batista. Hay que llegar hasta el poblado de la Feria en Dos Caminos de San Las para poder apreciar lo que un par de hombres pueden hacer con un trozo de tierra, si la fertilizan con sudor y sabiduría.

4Y les cuento todo esto porque en mi última vista a Hato Viejo el pasado sábado, me sorprendió un cuadro a la entrada de la casa que exhibía el reciente otorgamiento de la condición de Doble Excelencia Nacional de la Agricultura Urbana.

El diploma estaba casi escondido detrás de una ventana, al parecer como algo sin mucha importancia porque así siempre sucede con el guajiro. Nunca está presto a hablar de logros, prefiere dedicarse a lo que falta por hacer, odia los homenajes porque le roban tiempo a la tierra y me cambia el tema cuando le menciono la palabra entrevista.

Es la “desventaja” de la amistad la que me puso en este aprieto de escribir sobre Rogelio sin que me quisiera decir algo, pero hay cosas que no puede esconder aunque se lo proponga, porque su finca luce un oasis en medio de campos ociosos.

5Son 8.3 hectáreas, de las cuales, 3.3 están dedicadas a cultivos varios y vegetales, cuyos primeros beneficiaros son los chicos del círculo infantil local y los pacientes del hospital de San Luis, que cada semana degustan los frutos del trabajo de Rogelio y su hijo Luis.

El resto del espacio es para el ganado menor, ovino caprino, con el que ya cumplieron este año su entrega de carne pactada de una tonelada y media, mientras preparan media tonelada más de sobrecumplimiento para animar la feria que cada fin de año recurre para beneplácito de los santiagueros.

También para diciembre debe estar en plena producción una casa de cultivos semiprotegidos situada a un costado de la casa de la finca con surcos de lechuga, zanahoria, col, ají y tomates de ensalada, además de rábano y pepino.

En enero rendirán frutos las áreas dedicadas a la siembra de Boniato, yuca, plátano, malanga isleña, y frijol un poco después. Siempre con Acopio como principal receptor de estas producciones, porque para Rogelio y Luisito la comida del pueblo no se pone en riesgo.

Visitar Hato Viejo me hace bien, hacerse acompañar de gente trabajadora y honrada casi siempre trae buenos augurios. Sin embargo, es precisamente a la salida de la finca donde el panorama se torna, quizás, desolador, cuando miaras una y otra vez la tierra que colinda, improductiva y descuidada.

Esa misma que tantas veces Rogelio ha solicitado, y que no se le ha otorgado. Sus razones habrá, pero aquello no deja de parecerse al viejo cuento del príncipe al lado de mendigo.

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3 respuestas a Las gotas de valor que la tierra necesita

  1. Luis Asber Hernández Ramírez dijo:

    Bajo un sol radiante,
    Que la tierra cubana baña,
    Lo mismo corta la caña, que se bebe un aguardiente.
    El cubano con un machete,
    Pone la tierra a gozar.
    De frutos la puede llenar,
    Aunque el sol lo derrita.
    Planta en el surco su alma y la abona con corazón,
    Hace de su sudor, las gotas de valor,
    Que la tierra necesita.

  2. leandro dijo:

    Vengo de donde hay………. tabaco y cañaveral, donde el sudor del guajiro hace a la tierra soñar

  3. Morgan dijo:

    Cuando el hombre sirve la tierra sirve

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