Santiagueros camino a Ekaterimburgo

Aracelys Avilés Suárez

En los últimos días de junio del próximo año, la fría Ekaterimburgo, recibirá a los mejores programadores universitarios de todo el orbe. A esta ciudad rusa, situada en el límite entre Europa y Asia, donde la temperatura promedio en junio es de 16.9º C, llegarán también, –pago de pasaporte y pasajes mediante– los cubanos Guillermo Javier Blanco, José Moraguez y Reynaldo Gil, junto a su entrenador el profesor Javier Sardiñas.

Guillermo, Reynaldo y José, únicos miembros del equipo Napster de la Universidad de Oriente, ganaron hace unas semanas la medalla de plata en la Final Caribeña del Concurso de Programación ACM-ICPC, lo cual no aseguraba su participación en la Final Mundial del 2014.

Sin embargo, aun cuando no obtuvieron el oro, existía una posibilidad de que viajasen a Rusia. Esa oportunidad se concretó esta semana cuando terminaron de definirse la cantidad de cupos extras por cada zona. A América Latina correspondieron 16, y en específico Al Caribe, dos asignaciones, una de ellas para el equipo Napster, el segundo de la zona con mejores resultados.

“Esta competencia sí es ya otro nivel –comenta Javier– los equipos cubanos que han ido solo han podido resolver dos problemas (de 12) y el mejor lugar en el escalafón está por encima de los 80, de unos 120 países que participan”.

El objetivo de Napster es resolver al menos tres problemas, y mejorar de alguna forma el puesto obtenido por sus coterráneos en citas anteriores.

“Creo que a eso es lo único que puede aspirar Cuba hasta ahora, los miembros de los equipos élites entrenan desde niños, acá no. Cuba empezó a participar de manera estable desde el 2009, y el concurso se conoce muy poco”, agrega Javier.

Para montarse en el avión y competir contra los mejores del mundo, aún faltan algunos detalles que van incluso más allá de intensificar el entrenamiento. El certamen garantiza el hospedaje y la alimentación, pero los pasajes corren por los competidores. El monto ronda los 5 mil euros y puede volverse un problema si no aparece un patrocinador. “Hay muy buenas intenciones, pero aún no sabemos quién va a poner el dinero”, apunta Javier.

De seguro los muchachos ya pueden imaginar y hasta sentir el frío de los montes Urales, donde descansa la ciudad rusa de la competencia, pero el camino a Ekaterimburgo aún tiene algunos obstáculos que deberán sortear, esperemos que con buena estrella.

 

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