Donde habita el descuido

JOSE ANGEL ALVAREZ CRUZ

accidente_gEn todos los discursos, documentos, leyes, precisiones y otras modalidades en las que se aborda el tema de los Derechos Humanos, es casi seguro encontrar explicaciones sobre el papel de las instituciones para garantizar que sean respetados.

Sin embargo, obviamos en no pocas ocasiones que a veces las violaciones vienen de personas naturales que privan, voluntariamente o no, a otros semejantes de su derecho fundamental, la vida.

Variadas son las formas, pero por esta vez voy referirme a una cuestión específica que amenaza con hacerse recurrente y que aunque mantiene en alarma a las autoridades, no hay mucho más que hacer en materia de leyes, mientras ronda la resignación de esperar solamente que vuelva a suceder.

Se trata de los accidentes masivos en la transportación de pasajeros, que hasta el mes pasado suman ya cinco en la provincia, con el saldo fatal de de seis fallecidos y 98 lesionados, varios de ellos con secuelas permanentes.

Nadie puede predecir donde ni cuando volverá a ocurrir, porque aunque obviamente existen partes de vía con mayor peligrosidad, no son precisamente las escaramuzas que exigen esos tramos la causa del desastre, sino las burdas violaciones a las leyes más elementales del tránsito.

El exceso de velocidad, no respetar derecho de vía y el adelantamiento en espacios donde no están permitido, figuran entre las faltas más frecuentes en este tipo de accidentes, donde lamentablemente es muy probable que la irresponsabilidad se salde con una o varias muertes.

Además, según especialistas de salud consultados por este reportero, el impacto psicológico que causa en los lesionados e incluso en otros que lograran salir ilesos, su participación en un

episodio de este tipo, puede trastocar su estilo de vida.

Personas que deciden no trasladarse más en camiones o camionetas, cuando esta, en ocasiones, es casi la única opción y otros que se vuelven asustadizos ante el más común de los ruidos en las carreteras, son reacciones comunes después de haber sufrido la amarga experiencia.

Todo esto sin contar la más desagradable connotación, la que experimenta la familia de alguien que perdió la vida de la manera más inútil.

Al respecto, de algunos chóferes de vehículos particulares que se dedican a la transportación de pasajeros, conocimos con el compromiso de no revelar su identidad, que se trata por lo general de imprimir velocidad para llegar primero a los destinos con dos objetivos, dar más viajes y cargar más pasajeros.

También la “necesidad” de mostrar a los otros cuan superior es el motor de un carro respecto a otros y así sentar pautas de quien “manda” en la carretera, al más puro estilo del viejo oeste.

También llegó el reclamo, tal vez a manera de paliativo, o tal vez con algo de razón. “Periodista pero diga también que las vías están en muy malas condiciones, que las fundamentales que en muchas apenas se puede andar”.

Lo particularmente preocupantes es que si esta fuera una causa fundamental en la ocurrencia de accidentes masivos, debería más bien fungir como elemento disuasivo para extremar precauciones y no como estandarte de justificación.

Es bueno saber, sin embargo, que los irresponsables no son mayoría, que muchos en el sector particular hoy asumen como un oficio responsable la labor de la transportación de personas y cumplen con las normas establecidas. En las expresiones de algunos que se nos acercaron voluntariamente, pudimos advertirlo.

No obstante, y aún con las acciones preventivas que puedan llevar a cabo las autoridades, se precisa que todos y digo todos, sin excepción, comprendan que también es su responsabilidad que los pasajeros lleguen sanos a su destino.

Si queremos que Santiago de Cuba no figure en el país como una de las provincias “vanguardias” en este tipo de desastres, hay que transformar esas mentes donde desafortunadamente aún habita el descuido.

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