Adolescentes y drogas: hablando en cubano

María de las Mercedes Rodríguez Puzo

drogas Esta vez Michael Douglas no se volverá loco buscando a su hija por los barrios marginales de Cincinnati. El asunto que pretendo compartir con ustedes se aleja de Tráfico, el filme de Steven Soderbergh que rompió taquillas en el 2001, y sobre todo del cine de Hollywood.

Propongo hoy hablar en cubano sobre los adolescentes y las drogas, digo en cubano porque al hacerlo en español podemos pensar que el fenómeno solo ocurre en otros países de habla hispana como México, Colombia o España. Aunque nuestra realidad es bien distinta a la de dichas naciones no podemos vivir ajenos al creciente problema que representa el consumo de sustancias tóxicas en los más jóvenes de la familia.

Para ello recurro a un hombre cuyos 40 años de experiencias en el tratamiento a pacientes con adicciones no le permiten tener pelos en la lengua, me refiero al Dr. Alberto Cutié Bressler, profesor consultante de Psiquiatría en el hospital Clínico Quirúrgico Juan Bruno Zayas.

“Recuerdo que en el año1994 tuvimos un curso latinoamericano de adicciones, y los participantes argentinos nos preguntaron dónde están los maestros, en el evento hay psiquiatras, médicos, juristas, policías, ¿y los maestros? Nuestras escuelas no tienen problemas con las drogas, respondimos. Y uno de los ponentes internacionales ya en los comentarios de pasillo nos alertó: eso es ahora, dentro de un tiempito verán como enfrentarán dificultades con los adolescentes y las drogas. Fue profético.

“Se abortó el mercado incipiente de drogas ilícitas en la década de los 90, no significa que hayan desaparecido. No es lo mismo droga que drogadicto, igualmente no es lo mismo juego que jugador. En Cuba disminuyó la disponibilidad de drogas ilícitas, mas no disminuye el número de drogadictos, quienes empiezan a inventar. Los muchachos toman medicamentos con alcohol, y consumen otras infusiones dañinas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 85% de los adictos no reciben asistencia médica, pues no se sienten enfermos. Además, las adicciones traen consigo la negación. ¿Cómo se comporta el fenómeno en nuestra provincia?

“Seguimos con las mismas cifras que da la OMS. El profesor Ricardo González decía que el adicto era como un conejo y la atención al drogadicto como hacer un cocido de conejo, lo primero es cazar al conejo. Independientemente de los mecanismos de salud, los servicios especializados y las clínicas existentes, los adictos solo acuden a nosotros por voluntad propia cuando se complican con enfermedades asociadas -dígase las ITS, VIH/Sida, diabetes, asma bronquial, psicosis, nefropatía, etc.-, cuando se buscan un lío legal, y algunos al sentir que ya no pueden más.”, explica Cutié.

Y el género aquí también influye

“Lamentablemente nuestra cultura tiende a “la protección” de la mujer, provocando que no se consulte a tiempo. Si mamita toma bebidas alcohólicas la ocultamos en la casa porque da vergüenza llevarla al médico. Tratamos de protegerla, le evitamos el estigma social. Cuando la mujer acude a la consulta ya está hecha un desastre, por eso la adicción en las féminas es más grave que en los hombres, se diagnostica tardíamente.

“No es lo mismo llevar al hijito adolescente diciendo que está teniendo una conducta desastrosa, extraña, que llegar con la hijita consumiendo drogas, prostituyéndose. Recién tuvimos un caso de una niña de 13 años que arribó a una de las instalaciones de salud en pleno estado de embriaguez”, comenta el Dr. Alberto con rostro serio.

¿Qué puede llevar a una persona a consumir sustancias tóxicas?

“En Psiquiatría consideramos que existen una serie de mecanismos etiopatogénicos de las adicciones: el primero es psicosocial, por la presión del grupo el muchacho para ser acogido hace lo que éste le exija. Otra vía es el mecanismo asertivo, la persona tímida cuando consume una droga se desinhibe, desaparece la timidez. Está también el sintomático, quien piensa me siento triste, deprimido, pero si consumo se van la depresión y la ansiedad. Asimismo encontramos al asintomático hedónico que lo hace buscando placer, y queda el individuo con un trastorno de personalidad, cuya formación lo induce a eso.

“Las drogas producen un placer artificial. A un drogadicto tú no le puedes decir que consumir no es agradable, pero es un placer que degrada y cuesta muy caro”, continúa mi entrevistado.

Vale mencionar que existen una serie de señales que indican cuando un adolescente está desviándose hacia el consumo de sustancias tóxicas: un cambio de moda, la parafernalia del uso de drogas como los ganchitos, la pipa, las manchas o tatuajes que se crean en los dedos de quienes consumen marihuana, entre otros.

La solución a una adicción depende de la voluntad del paciente en curarse. No obstante, Santiago de Cuba ha obtenido resultados alentadores en el proceso terapéutico.

“En el tratamiento adecuado a los muchachos que hacen un uso indebido de drogas el 100% se ha recuperado, lo que se traduce en remisión total sostenida, con alta a un año después de haberlos diagnosticados. El 80% de los que tienen abuso de drogas están con recuperación total, y el resto con recuperación parcial sin abandonar el programa. Ya en los dependientes varían las cifras: 40% de recuperación total, 45% parcial y un 15% que desertan o no mejoran”, sostiene Cutié.

Antes se asumía que el consumo de drogas era exclusivo de la población marginal y con tendencia a la delincuencia, y no es así, cualquiera puede caer en la trampa de las adicciones. Las drogas más que un problema médico constituyen un problema social y no podemos negar su existencia.

Tampoco podemos seguir con actitudes lacerantes como la tolerancia incondicional, cuando justificamos las barbaridades e indisciplinas sociales cometidas bajo estado de embriaguez, y la intolerancia selectiva, que consiste en aceptar el consumo irresponsable de alcohol y rechazar al borracho tirado en la zanja.

Respecto a los maestros y profesores que fuman en presencia de los alumnos y hasta llegan a compartir bebidas alcohólicas con ellos dentro de las escuelas y en contextos no festivos, el Ministerio de Educación habrá de tomar medidas.

En cuanto a los padres, han de estar pendientes de con quién se reúnen sus hijos, cómo, dónde, qué hacen, cuáles son sus intereses. Hablemos en cubano con nuestros adolescentes ahora que estamos a tiempo. Más vale precaver…

 

 

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