Cuando el diálogo venció la confrontación

JOSE ANGEL ALVAREZ CRUZ

 

raul-castro-barack-obamaHasta que sucedió, pocos imaginaban que podría tener lugar, no estaba en los pronósticos, por lo menos de la mayoría de los cubanos, porque las relaciones entre la Isla y Estados Unidos no pasaban de la retórica permanente que abrió hace más de 50 años el abismo que separaba a ambas naciones.

Aún con los atisbos de cambio que avizoraron continuos editoriales del influyente diario The New York Times, proponiendo una política diferente hacia la mayor de las Antillas y abiertamente críticos del bloqueo, la noticia no nos dejó de sorprender.

Los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, acto precedido por un intercambio de prisioneros que trajo definitivamente hacia la patria a los antiterroristas Ramón Labañino, Gerardo Hernández y Antonio Guerrero.

Para el mundo mediático, este acontecimiento fue calificado como la noticia del año, para los cubanos representó la formación de expectativas difíciles de definir a ciencia cierta, por la incertidumbre que han generado históricamente los pronunciamientos de sucesivas administraciones norteamericanas.

Sin embargo, este reportero prefiere pensar en los motivos, más que en las emociones. Se trata de que Estados Unidos se estaba quedando solo en su política unilateral hacia Cuba, mientras el ejemplo solidario de la Isla alzaba voces desde todos los sectores del orden mundial.

Quisiera confiar en la “rectificación histórica” y “el gesto de valentía más importante de su presidencia”, frases que el mandatario de Venezuela Nicolás Maduro dedicó a su homólogo norteamericano una vez escuchado el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Isla.

Estamos muy felices como ar­gentinos, como americanos del sur, como militantes políticos, por todo esto que creíamos que nunca se iba a ver”, agregaría Cristina Fernández al término de la cumbre semestral del Mer­cosur.

“Cuba está testimoniando que un pueblo con voluntad, patriotismo y dirigentes que lo conducen, más tarde o más temprano, tiene su dignidad”, acotó.

Y así, jefes de estado, personalidades políticas y prestigiosos intelectuales daban la bienvenida a esta decisión que sin dudas mostraba el fracaso de la hostilidad ante el diálogo y comenzaba a crear un ambiente de paz que no se ha respirado en décadas.

Más puntual es el tema de la flexibilización de restricciones para el intercambio comercial, bancario, familiar, de correo postal y comunicaciones, entre otras, temas que se abordarán con prontitud según expresó en su discurso de este miércoles el mandatario de Estados Unidos.

Incluso la cámara de comercio del país norteamericano ya se pronunció a favor de la apertura augurando buenas posibilidades de intercambio y negocios favorables para los dos países, y sugirieron ampliar el comercio hasta donde sea posible.

También se revisará la inclusión de Cuba en la lista de patrocinadores de terrorismo, uno de los mayores absurdos en las relaciones bilaterales.

Al respecto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó que el restablecimiento de las relaciones entre ambos países es una noticia muy positiva. Felicito a los mandatarios por dar este paso, tan solicitado por la comunidad internacional, remarcó.
Pero entre declaraciones y testimonios hay algo que no nos puede pasar desapercibido y que incluso en mi modesta opinión, es lo más trascendental de los anuncios: el reconocimiento explícito de por parte de Obama, de que la política norteamericana contra Cuba por más de 50 años ha sido un fracaso total.

Motivo por el cual el jefe de estado dijo que pedirá al congreso adoptar las medidas necesarias para finalizar el bloqueo, al considerarlo obsoleto y responsable directo de afectaciones al pueblo de la patria de Martí.

Del lado cubano, la satisfacción trasciende por la manera en que se manejaron las cosas, sin renunciar a la soberanía ni a los principios que la Revolución ha ponderado, pero siendo flexibles en la manera de abordar los temas como corresponde a toda negociación.

Al final, el ofrecimiento permanente de Raúl al diálogo con Estados Unidos, sin condiciones, sobre todos los temas, pero exigiendo respeto a la autodeterminación de cada país, encontró oídos receptivos.

Ahora queda esperar, tener confianza y estar atentos, porque es difícil olvidar las décadas de hostigamiento y creer que todo se resolverá sin contratiempos. Por suerte, la dirección histórica de la revolución cuanta con la experiencia suficiente para abordar asuntos delicados y tiene además el apoyo irrestricto del pueblo.

Ojalá lo que hoy es una esperanza termine pronto por convertirse en una realidad que traiga felicidad a ambos lados y que el intercambio entre cubanos y norteamericanos llegue a ser visto de manera tan normal, como el que se sostiene con personas de otras naciones

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