Sociedad Civil somos todos, por qué no entienden

Hay cartas sobre la mesa, solo que de un nuevo juego, macabro si se quiere, parcializado al extremo y a todas luces malintencionado. Le llaman “Sociedad Civil” a la más pura interpretación norteamericana, o lo que es lo mismo, la contrarrevolución interna en la Isla, que ahora es nombrada en estos términos por la actual administración de Estados Unidos.
Resulta ahora que para los del norte, los llamados “disidentes” parecen conformar el único el más amplio núcleo de las organizaciones cubanas de la actualidad, porque en el discurso norteamericano de moda, es a ellos a quienes se les ha encomendado la tarea de “transformar el país” una vez restablecidas las relaciones diplomáticas.
En fin, que el resto no existimos, no hay estudiantes, ni cederistas, ni sindicatos, ni unión de historiadores, ni ninguna de las más de 2200 organizaciones existentes aquí y que en su conjunto aglutinan a varios millones de cubanos.
Incluso parece desconocerse, muy a propósito, que por su amplia membresía, representatividad y capacidad de movilización, el sistema político cubano garantiza a estas organizaciones no gubernamentales amplios poderes y capacidad prepositiva, de consulta, opinión, y decisión, en el ejercicio de la Democracia participativa.
Al final, parece que como advirtiera el presidente cubano, los vecinos nuestros se han percatado que tienen que cambiar los métodos, sin embargo sus objetivos siguen siendo los mismos que
han propiciado la hostilidad hacia el pueblo de Martí por décadas.
Pero yo diría más, creo que la “sociedad civil” que intenta clasificar la administración norteamericana es tan poco decisiva en cualquier proceso político que viva la Isla, que terminará absorbida y desapareciendo prácticamente arrasada por las convicciones y hechos que protagonice la verdadera sociedad civil cubana.
No se si esta es una nueva apuesta de Estados Unidos para desmembrar la revolución cubana, aunque cualquiera diría que sí, no obstante creo que es otra patada al vacío, porque estoy seguro que sustentar una idea sobre los hombros de la “disidencia” interna es caminar directo al túnel de los proyectos fracasados.
Un grupo sin identificación propia, ni ideas claras, ni principios, ni moral y que además moldea su mentalidad según la cantidad de dinero en el ambiente, no puede representar la sociedad de un país forjado sobre la sangre de sus héroes.
Me pregunto, por qué les cuesta tanto trabajo a nuestros vecinos del norte entender una realidad más grande que un témpano. Supongo que será impotencia o tal vez terquedad histórica.

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