Deudas de amor y cariño hacia una amiga inmortal

NALENA JARES RIVERO

 

feliz-dia-madre8Eran los días finales de abril de 2013. Llegó muy seria al primer cubículo de la sala 5k en el hospital Juan Bruno Zayas Alfonso. Andaba con una minúscula saya de mezclilla y lo menos que parecía era una embarazada.

Pero sí, estaba en estado de gestación. Tenía tan solo unas ocho o diez semanas. Lo difícil es que se trataba de una mujer cardiópata a quien a los ocho años le habían colocado una válvula mecánica en el corazón para salvarle la vida. Desde entonces mantenía tratamientos con anticoagulantes.

Llevaba una vida normal. Ejercía como enfermera y amaba su trabajo. Su embarazo era todo un riesgo. No fueron pocos los que se impusieron para que se lo interrumpiera. Pero esa podía ser su única oportunidad; no quería privarse de la dicha de ser madre.

Conocía de los riesgos, pero confiaba en el amor que le brotaba para su feto en formación. Sabía también que los médicos lucharían por la vida de ella y de su hijo.

El tiempo fue pasando y aquel embrión comenzó a coger forma y a crecer. Fueron más de cinco meses hospitalizada bajo vigilancia médica, pero tenía un único objetivo: ser madre… ¡Y lo logró!

A las 36.2 semanas se le realizó la cesárea y ambos salieron bien. No faltó su optimismo, y sobre todo, la atención de especialistas y demás personal del hospital.

Al niño cumplir un año ella se reincorpora a trabajar en el hospital Ambrosio Grillo, de donde era enfermera. Siempre hablaba del dedicación con que trataba a sus enfermos. A su peque lo cuidaban su mami y su abuela, quienes junto a su padre y parientes siempre la apoyaron absolutamente.

Fue en agosto del pasado año cuando llegó el triste día. Hubo que ingresarla urgente; se le estrombosó la válvula. Su voz no perdió los bríos, su ánimo se conservaba a pesar de la gravedad.

La intervinieron quirúrgicamente en dos ocasiones. Los médicos hicieron todo cuanto pudieron, pero fue imposible. Con tan solo 24 años dijo adiós a la vida.

Su niño quedó en las buenas manos de sus abuelos y bisabuela. Ellos lo miman y quieren, lo protegen y cuidan. Ellos luchan por su salud.

Y ella, desde donde esté, seguirá velando por su pequeño príncipe, quien ahora es muy chico, pero cuando sea grande, todos le contarán del amor de su madre hacia él. Le faltará el beso maternal, pero no el cariño angelical de una familia que se sobrepone a las adversidades.

Muchos, como este infante, han quedado huérfanos con muy poca edad y tal vez por momentos han añorado esa caricia tierna que solo las madres generan, pero aún así y a pesar de las nostalgias momentáneas, todos encontramos unos brazos oportunos productores de amor y entrega.

Ya Roxana no está físicamente junto a Eliecer. Él solo volverá a verla en fotografías o en esa imagen que en su mente logre dibujar. Sin embargo, le quedará siempre el dulce e infinito recuerdo hacia esa, que aunque ya no está, luchó por darle la vida y entonces, también desafió la muerte.

Hoy pido perdón a su familia por escribir estas líneas sin su consentimiento y autorización, pero no es más que una deuda de amor y cariño eterno hacia una amiga inmortal.

 

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