¡Un NO a los espejuelos oscuros!

NALENA JARES RIVERO

 

maltratoEra una muchacha alta, de piel mestiza, cabellos bien largos y negros. Era una joven de unos 30 años aproximadamente y cuerpo despampanante. Caminaba con elegancia. Todos los hombres volteaban el rostro a su paso; algunos la piropeaban, otros solo la contemplaban. Generalmente usaba espejuelos oscuros y muchos se preguntaban por qué a veces hasta en las noches los llevaba puestos.

No era mi amiga, pero habíamos estudiado juntas y de vez en vez intercambiábamos algunos diálogos.

Un día, de esos en los que las gafas eran más negras y más grandes parece que no pudo seguir con aquella angustia por dentro y decidió contarme parte de su triste historia.

“Necesito desahogarme con alguien -me dijo- no tengo hermana y mi mejor amiga es médico y está de misión internacionalista. No sé qué hacer, no sé a dónde acudir, estoy muy triste y desesperada; soy una mujer sumisa, he perdido el orgullo, la dignidad; soy solo un objeto en la vida de mi esposo. Él dice que las mujeres son como las alfombras que de vez en vez hay que sacudirlas y a cada rato me cae a golpes.

“A veces por celos infundados; otras porque dice que todos me miran en la calle, en ocasiones porque llega tomado y a veces porque no quiere que yo trabaje.

“Me ha pegado con su cinto, ha estado tomando agua fría y me la ha lanzado encima, me ha quemado el cuerpo con colillas encendidas. Y ya debes haberte dado cuenta el por qué mis gafas oscuras.”

Era evidente. Desde que comenzamos a conversar, vislumbraba los bordes de un hematoma alrededor de su ojo derecho. Luego se los subió a la cabeza y sentí escalofríos cuando vi cómo realmente lo tenía. Después de contarme todo aquello y más, ya no era necesario que me dijera qué se lo había provocado.

Nunca se atrevió a acusarlo porque con él tenía a su hijo, no se lo contaba a sus padres, pues ellos nunca estuvieron de acuerdo con ese matrimonio; entonces había decidido aguantar y aguantar en silencio.

Como ella, miles de mujeres se humillan a los caprichos masculinos. ¡Son tantas a las que maltratan! Sin embargo, una buena parte continúa doblegada al avasallamiento. Existen aquellas a las que ponen a prostituirse, están las que no pueden trabajar ni siquiera salir de su casa y las hay que no pueden opinar, pues su criterio no es importante ni se tiene en cuenta, o sea, no tienen voz ni voto.

Definitivamente la violencia de género ha sido, y sigue siendo a veces oculto e invisible. Todavía existe en algunas familias el falso concepto del patriarcado de que la mujer es propiedad del hombre y que debe estar sujeta a él, mantenerse al margen y cubrir sus caprichos como principal y única regla de oro.

Pero por otra parte están las voces tenaces de la lucha feminista, esas que no se han dado por vencidas y han sido transgresoras, luchadoras y defensoras de la dignidad y el derecho a una vida plena de todas las féminas.

Por ejemplo, el 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, declarado por la Asamblea General el 17 de diciembre de 1999 a través de la resolución 54/134.

Esta es una invitación para que tanto los gobiernos como las organizaciones internacionales y no gubernamentales se sumen a las actividades de enfrentamiento de este problema.

La violencia contra la mujer es todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada.

La fecha fue elegida para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en República Dominicana.

Ojalá y más mujeres se sumen a la no violencia contra las de nuestro sexo; ojalá y todos los hombres renuncien a su machismo para que ninguna tenga que contar la triste historia de por qué sus espejuelos oscuros.

 

 

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