Para que PAPÁ no sea solo una palabra

NALENA JARES RIVERO

Su madre aún lo llora, nunca más ha sido la misma, nada ha borrado las huellas de dolor que dejó la muerte de su único hijo cuando aquella tarde de martes salía ebrio de la fiesta de cumpleaños de un amigo.
Manejaba una moto rojo brillante acabada de pintar, llantas aniqueladas, gomas de pistas, retrovisores exclusivos. Sin embargo, no previó que su estado no le permitiría mantener el equilibrio.
En la casa también lo esperaba su novia con quien estaba planificada la boda en unos dos meses.
Cuando llegó la noticia del accidente los gritos de desespero se escuchaban a cuatro cuadras, la ansiedad no les permitía coordinar las ideas. Salieron todos para el hospital en el carro de un vecino. Llegaron, desconsolados, con una lejana y discreta esperanza de que fuera un simple susto, pero todo había sido fatal; ya estaba muerto.
Su madre no lo creía; se le abrazó al cadáver, lo besaba y lo besaba, daba gritos de desconsuelo y dolor. Cayó desmayada, su único hijo la había dejado para siempre. Desde entonces solo le queda el vacío de su ausencia, muchos recuerdos, algunas fotografías y un nieto que su hijo no llegó a conocer, ni siquiera a saberlo.
Justo esa mañana de martes su nena, como llamaba a su prometida, había corroborado la sospecha de un embarazo que pensó contarle antes de dormir esa noche, en el lecho de amor, pero él no llegó; él nunca más volvería.
Su niño sabe que la palabra papá existe y que todos los niños de su aula tienen papá, pero él no. Él tiene el cariño infinito de sus abuelos y de su tío materno, pero le falta el abrazo afectivo, el consejo oportuno, el patrón masculino, el cómplice en las travesuras y los juegos que habría compartido su papá.
Ya no se puede culpar, ya no se puede juzgar, pero no debió haber tomado mientras conducía. Cuando se está frente al volante se ha de ser responsable. Cada chofer ha de pensar en sí ante todo, pero también en la familia que sufre cada padecimiento o pérdida.
Al cierre de abril en la provincia de Santiago de Cuba hubo 211 accidentes, los cuales arrojaron 308 lesionados y 32 fallecidos.
Las motos tienen alta incidencia, pues han participado en 97 de estos accidentes, y en 45 de los casos el motorista ha sido el responsable con un saldo de 9 de los fallecidos y 37 de los lesionados.
Nos ponemos las manos en la cabeza cada vez que escuchamos una de estas fatalidades. En ocasiones hasta los ojos se nos nublan cuando nos hacen las historias, muchas veces evitables.
Tal vez cuando esa madre lea hoy estas líneas llore más de lo habitual, aun cuando no es mi intención. Solo pretendo que los choferes se concienticen y cada día sean menos las madres que sufren la ausencia del hijo, las esposas que pierden a su pareja y los niños que solo saben que la palabra papá existe.

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