¿Plácido o Paraíso?

Yamilé Mateo Arañó y Nalena Jares Rivero

 

Existen nombres de calles que recuerdan épocas vividas, nombres de héroes,  de establecimientos o comercios que existieron en ellas; pero hay otras, que reflejan la ocurrencia del santiaguero.

Existe una historia desempolvada por el cronista Ramón Cisneros Jústiz que recuerda el origen de la calle Paraíso y que relata que cierta vez que se le hacía justicia a un convicto y confeso criminal de larga historia penal, el público exclamaba frenético: ¡qué se vaya al infierno!

En tanto el reo ya preparado para ir a la horca, en los estertores de la agonía, movía las piernas como en una macabra danza y esto motivó a un santiaguero guasón a exclamar ¡qué infierno ni ocho cuartos, que va, este va pa´l paraíso! ¿No ven cómo baila?

Aquello impresionó tanto a los presentes que empezó a llamarse paraíso a la horca y a la calle que hasta entonces se nombraba Santiago.

Hasta nuestros días ha trascendido con dicha denominación, aunque oficialmente se llama Plácido, por el poeta mulato que fue condenado a la horca por su participación en la Conspiración de la Escalera.

Existen relatos como este que muchos no conocen, que denotan la jocosidad y la ocurrencia del santiaguero desde siempre, y aunque fueron parte de la cotidianidad en alguna época, dejaron sus huellas en las leyendas citadinas.

 

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