LO MEJOR DE THAIMÍ

INDIRA FERRER ALONSO

La Edad de Oro y el gorro sobre la cama. Todavía teme a las miradas curiosas de los extraños; tal vez porque detesta provocar lástima… y ese es un sentimiento que nada tiene que ver con una niña valiente como ella.

Thaimí tiene 17; y está creciendo con la sabiduría y la fortaleza que solo tiene la gente cuando ha vivido mucho tiempo. Lo entendí desde que la vi. No llamaron tanto mi atención su cabeza sin pelo, y el muñón en el brazo izquierdo; como la seguridad y la dulzura con que habla; lo que más me impactó es que transmite alegría, justamente ella, que a primera vista pareciera tener motivos para la tristeza.
Me contó de la noche de enero en que vino el médico a comunicarle lo de la operación: un rabdomiosarcoma (cáncer) ponía en riesgo su vida y amputar la mano y parte del brazo era la única opción terapéutica para detener la enfermedad.
“Lloré muchísimo; tuve miedo, pensé en qué diría la gente, mis amigos de la escuela, cómo iba a vivir sin mi mano izquierda. Esa noche intenté dormir pero tuve muchas pesadillas; hasta que ya tarde vino la madre de un niño que también tenía cáncer -ya fallecido- y oró por mí junto a un pastor. Entonces me quedé tranquila, pensé en que todo iba a salir bien… y pude pensar con claridad: tenía que perder una parte de mí para salvar el resto; para continuar viva.
“Al amanecer estaba bien como siempre; confiaba en los médicos y las enfermeras que me iban a operar, y decidí no llorar más. Si seguía llorando por no tener la mano, tendría que llorar por eso el resto de mi vida, pues ese es el tiempo que estaré sin ella; y no quiero pasar toda la vida triste”, comentó.
Ahora tiene sus proyectos, sus pequeños retos de todos los días, pero descubrió algo que tal vez antes, por común, no percibía en toda su magnitud: Thaimí cuenta con su familia, con sus amigos, con sus maestros, con sus médicos y enfermeras… tiene una red de apoyo que la ha ayudado a enfrentar sus problemas y a dar prioridad a aquello que realmente lo merece.
“Cuando me operaron -dijo- llegué a pensar en dejar la escuela; yo estoy en grado 12, ya casi terminando el preuniversitario. No quería ser el bicho raro de la escuela y me daba pena que me vieran así; pero sucedió todo lo contrario. Yo vivo en San Luis, y desde allá vinieron mis compañeros de clase a verme aquí en el hospital; se me llenó la sala y cuando regresé a casa me dio mucha alegría la actitud de mis amigos y vecinos: casi no podía descansar, siempre tenía visitas.
“Fui a la escuela y me trataron súper bien, no me fijé si me miraban o no, estaba contenta de estar allí.”

Quizás porque ya sabe lo que es el dolor y ha aprendido a perder para ganar lo que es más importante, Thaimí se aferra a su vida y disfruta cada momento con la esperanza de que los días siguientes sean mejores. Al momento de la entrevista se encontraba ingresada en el servicio de Oncología del Hospital Infantil Sur Antonio María Béguez César, un lugar que se ha vuelto habitual pues cuando no requiere hospitalización, recibe allí las sesiones de quimioterapia.
“Aquí me han atendido muy bien; el trato es excelente y ahora con la reparación que le hicieron a la sala, el confort ha mejorado muchísimo”, aseguró.
Una pregunta se hizo impostergable: ¿Y cuándo todo esto termine, que ya no necesites la quimioterapia y puedas llevar tu vida normalmente, qué piensas hacer?
“Terminar el 12. grado y prepararme para las pruebas de ingreso a la universidad. Ahora no pude hacerlo porque he estado enferma; pero el año que viene me voy a presentar, quiero estudiar la carrera de Psicología.”
¿Por qué?

“Creo que soy buena para eso: yo me he dado mucha fuerza a mí misma; me he mantenido tranquila y optimista porque sé que todo ha sido por mi bien. Y quiero ayudar a otras personas a enfrentar situaciones difíciles.”
Una llamada telefónica realizada días después de la entrevista, trajo a esta reportera la noticia de que Thaimí se encuentra bien, en San Luis. Me contó que hace de todo, desde una ensalada de vegetales hasta cuidar a su hermanita de cuatro meses…

Solo de imaginarla me siento feliz. Pienso ahora en cómo aprovecha sus días… Busco un final para estas líneas y solo se me ocurre citar lo que respondió cuando pregunté cómo quería que la presentara ante los lectores de Sierra Maestra: “solo diles que soy alegre, optimista; que por muy difícil que parezca la vida, creo que lo mejor siempre está por venir.”

 

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