Elba: entre libros y colores; entre cuentos y canciones

NALENA JARES RIVERO

A los cuatro años acudieron a un especialista porque el niño era muy hiperactivo y en ocasiones tenía gestos violentos o se tornaba agresivo cuando no le complacían los caprichos.

Se le diagnosticó, en esencia, una sobreprotección, y además de gotas homeopáticas se le recomendó el intercambio con otros niños y la socialización con estos.

El pequeño fue cambiando satisfactoriamente. Sin embargo, cuando llegaba al programa Educa a tu Hijo, su comportamiento no era como el del resto. Era desentendido y no escuchaba voces de mando. Se resistía a coger el lápiz y a participar en las actividades. Tampoco contestaba a las preguntas que les hacían, aun cuando sabía las respuestas.

La maestra fue trabajando con él, utilizaba técnicas que lo acercaban e incluían en el grupo. Así hacía diferenciadamente con cada uno de sus pequeños.

Aquel infante hiperactivo, desentendido y que no escuchaba voces de mando ya en los últimos meses del programa Educa a tu Hijo cantaba en matutinos especiales y en otras actividades a donde era invitado o lo acompañaba su seño.

Ahora, ya en prescolar, coge el lápiz. Poco a poco ha evolucionado en sus dibujos y aunque son bien abstractos, por lo menos tiene la idea y la intención.

Aquel niño inquieto que no asimilaba órdenes ya se porta bien en la escuela, hace lo que orientan en el aula, participa en las actividades y se relaciona con sus compañeritos. Su familia refiere que le hace muy feliz volver cada día a su prescolar en la escuela José Ignacio Martí con su maestra Elba Alina Suárez Dallé, quien desde el programa Educa a tu Hijo fue una voz de aliento y esperanzas.

Fue ella la protagonista de su incorporación, de su avance; ella es la artífice esencial en el cambio del niño.

Esa no es su única experiencia ni siquiera ha sido la más difícil ni la de mayores batallas, pues son casi 40 años en el ejercicio de la profesión.

Elba se graduó en 1979 de la antigua Escuela Formadora de Educadoras de Círculo Infantil Mariana Grajales (Efeci) como educadora de nivel medio lo cual le permitía trabajar con niños desde lactantes hasta los del grado prescolar.

En ese mismo año la ubicaron en el círculo infantil Pétalos de Rosa donde trabajó en el segundo año de vida y ya para el mes de febrero de 1980 la trasladan para el círculo interno Sol del mañana en el que parte de la matrícula eran los niños sin amparo familiar.

“Allí trabajé como educadora y educadora musical. En 1988 era reserva de cuadros y por necesidad de la enseñanza tengo que asumir como subdirectora docente en Pequeños Cadetes.

Continuó siendo reserva, pasó la escuela de cuadros en La Habana. Luego vino el matrimonio, su primera gestación y la nueva residencia le quedaba distante de su natal ´Caney´.

“Entonces opté por la plaza de educadora musical en Pétalos de Rosas que había sido mi primer trabajo. Luego me promueven a subdirectora docente y después fui directora de ese círculo por 22 años hasta el 2013 que me traslado para la escuela José Ignacio Martí como maestra de prescolar.”

Y allí, entre niños, Elba es feliz. Les enseña canciones, cuentos, los motiva para que aprendan siempre algo nuevo y tengan alguna cosa buena que contar cada día.

Les enseña la Historia de Cuba a través de canciones, de una manera genial.

“Los niños lo asimilan bien, es más fácil para ellos, las clases son más dinámicas, más motivadas, me ha dado muy buenos resultados utilizar ese método. Hay temas históricos que parecen bien difíciles y con una canción se resuelve todo, por ejemplo enseñar los acontecimientos del yate Granma yo lo soluciono con una canción afín que recoge toda la historia. Ahora estoy trabajando la vida de Martí con canciones porque ya está llegando enero.

“Me gusta la música. En la Efeci nos daban pintura, trabajos manuales, algo de música… Luego pasé cursos de educadora musical; tengo nociones de guitarra aunque ya no me acuerdo mucho (dice entre risas). Sé todas las canciones del repertorio infantil y otras. Tal vez si no hubiera sido maestra, y si la voz me hubiera acompañado, habría sido cantante.”

Su vocación por el magisterio quizás no es de cuna aunque su papá alfabetizó y le enseñó a leer con la cartilla.

“De pequeña me gustaba mucho la medicina y cuando jugaba a las casitas curaba a las muñecas, las inyectaba… pero me cuenta mi mamá que por la casa siempre pasaba una maestra que iba lejos y mi hermano contemporáneo y yo nos poníamos a decirle que nos llevara con ella.”

Para entonces le compraron una pizarrita y ahí repasaba las lecciones y quién sabe, tal vez comenzó a entrarle el bichito por la pedagogía.

“El magisterio es una obra de infinito amor, me gusta que cuando trabajo con los niños se desarrollen, aprendan y que las cosas que yo les digo después las pongan en práctica.

“Es gratificante cuando al paso de los años los escuchas decir ´esa fue mi maestra´ ´me lo enseñó la maestra´ o a los padres cuando afirman ´lo que usted le dijo es ley´.

Ya son casi cuatro décadas entre cuentos y canciones, entre niños y padres. Ha impartido clases a hijos y nietos de compañeros de estudios. Algunos de sus alumnos ya peinan canas, incluso hasta más que ella.

“Tengo algunos que son maestros y dicen que se inspiraron en mí para estudiar. Hay muchos otros que recuerdan y rememoran buenos momentos vividos en el aula. Y yo siento satisfacción.”

Esta pedagoga de vocación innata ha sido capaz de combinar a la madre, la hija, la dirigente, la maestra, la hermana y la esposa en un único denominador, sin embargo, afirma que ningún éxito habría sido posible si no fuera por la familia, de la cual se enorgullece y considera la retaguardia esencial de su vida y sus proyectos.

“Levantaba a mis hijas temprano para la escuela y regresábamos todos juntos por la tarde y entonces mi mamá nos atendía, por eso no se me hizo tan difícil. Todavía tengo el apoyo familiar aunque ya mi papá hace casi dos años no está con nosotros. Es bueno tener siempre aunque sea una persona que cuando llegues a la casa te encienda la luz y eso me ayudó siempre.

“A veces me coincidían las actividades de mis hijas con las de la escuela, entonces había que sacrificarse y hacerlas entender que mi deber estaba también en el trabajo. Ellas me decían que no me preocupara, aunque a veces ahora me lo recuerdan –vuelve a reír-.”

“Me siento orgullosa de mis hijas y de mi familia. Ellas vieron en mí el ejemplo de cumplimiento y de hacerlo todo bien. Alina, la mayor, es médico y está haciendo segundo año de Medicina General Integral; Anabel, la menor, siguió los pasos de la madre y se hizo maestra y es educadora del círculo infantil Espiguita.

Reyna Luisa y Juan Arístides, los padres de Elba, Juan Antonio y Niurka, tal vez nunca imaginaron que aquella pequeña nacida en el camino de Zacateca, y que estudiara en la escuela multígrado de la zona, se haría una añorada maestra, una fiel educadora y una persona transmisora de conocimientos.

“Amo ver cómo los niños avanzan, se desarrollan; esa es mi mayor satisfacción. Los del círculo cuando llegan a prescolar han tenido la influencia de varias personas, pero los de las escuelas primarias llegan diamantes en bruto que los tienes que pulir, entonces se ve más tu trabajo, los ves transformarse, crecer, evolucionar, aportar conocimientos…

“La mayor frustración es cuando lo que haces no resulta o cuando la familia no coopera y no ven la importancia del trabajo de una y no asimilan las dificultades de los niños, no para marcar las dificultades sino para que apoyen en el hogar y contribuyan en su evolución. Me gusta cuando veo el espíritu de la familia en cooperar y que así los hijos no se quedan atrás.”

Para Elba sus niños son iguales, no tiene diferencias, es neutral y cariñosa con todos. Ella tiene además de estos pequeñines a la joven Amanda, una maestra en formación con la cual comparte en el aula desde hace dos cursos. Y por supuesto que esta veinteañera está absorbiendo lo mejor de su experiencia.

Amanda habla de Elba con cariño y con mucho reconocimiento y gratitud. Afirma que le ha enseñado cantidad y que buena parte de lo que sabe es a ella a quien se lo debe.

“Me gusta la docencia. También he dado clases como profesora adjunta en la Universidad para los compañeros del curso de superación y para los que cursan la licenciatura”, afirma Elba quien concluyera su diálogo con las palabras del profesor y pedagogo cubano Horacio Díaz Pendás:

“La verdadera sabiduría de un maestro es encontrar el camino hacia el corazón de los alumnos; la tarea no es nada fácil porque existen tantos caminos como corazones.”

 

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